Helena Taberna leyó ‘Final feliz’ de Isaac Rossa y se encontró con una historia que tenía todo lo que le apetecía explorar en el cine. «Andaba con ganas de meterme con el tema del amor y del desamor», dice la cineasta. Deseo cumplido
Al libro de Isaac Rosa le salieron muchas novias cinematográficas. Feliz final, una historia que reconstruye el amor de una pareja por el final, fue el motivo de la cita que el escritor tuvo con la directora Helena Taberna. «Yo andaba con ganas de meterme con el tema del amor y del desamor», dice la cineasta en SensaCine. «Fue leer el libro y lo tenía todo. Tenía todo lo que ya tenía incorporado, más todo lo contemporáneo y lo cotidiano, que son dos elementos que no suelen estar generalmente en los relatos». La cosa iba bien encaminada. «Nos tuvimos que caer bien, ¿verdad?», bromea con Rossa. «Me encontré a una directora que había hecho una lectura de la novela con ojos de cineasta, y con mucha pasión además, y que tenía clarísimo que podía hacer una película donde yo no veía película posible», recuerda el escritor.
En su encuentro surgió la chispa. «Hablamos como se suele hablar en una primera cita: qué es lo que nos gusta, del cine que nos gusta, las películas que compartíamos, las películas que pensábamos en relación con la novela, y nos entendimos muy bien», afirma Rossa. Y así, en un encuentro sazonado por Richard Linklater y su trilogía Antes de…, Viaggio in Italia (1954) de Roberto Rosselini, Dos en la carretera (1966) de Stanley Donen, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni y Abbas Kiarostami; se llegó a un compromiso: Taberna adaptaría a la gran pantalla su libro. «El hecho de que me eligiese en ese marco me generó una autoestima estupenda de decir: puedo con esta cosa tan difícil porque añado el reto, que siempre me gusta incorporar en los trabajos nuevos para que tenga el disfrute máximo», destaca Taberna. «Si me gusta el proyecto y encima es difícil llegar a él, pues todavía mejor. Y nada. Así fue. Y aquí estamos ahora nosotros. Y a ver lo que pasa».
Ese «a ver lo que pasa» se resuelve el 28 de febrero, día en el que Nosotros llega a los cines españoles. La película sigue a Ángela y a Antonio, una pareja que va a separarse. Mientras se enfrentan a la difícil decisión, recuerdan su historia de amor.
Nosotros rompe con esa idealización del amor que ha emborrachado a generaciones y generaciones en el cine. «El amor romántico nos ha hecho bastante daño históricamente», dice Taberna en una habitación de hotel de Madrid en la que le acompaña Rossa. «Me apetecía ver cómo se plasma ese anhelo de amor verdadero que ya se intuye, desde el principio de la pareja, que no es muy real. Ahí nos ponemos la mayor parte de la gente del país que tiene unos mínimos estudios, que ya nos hemos dado cuenta de que Pretty Woman es mentira».
Como añade:
Es como un trozo de vida. Así es como entiendo la película para que podamos hablar del amor, que yo creo que hace falta y que, de alguna manera, no le quita grandeza al amor, sino que lo refuerza a pesar de que tengamos que reconocer su finitud en muchos casos. También deja un poco de esperanza, de que puede haber otros romanticismos que no sea el clásico
Unir dos lenguajes: la ficción y el documental

Vertigo Films
Taberna lleva dirigiendo películas desde hace 25 años. Yoyes (2000), la historia de la primera mujer que ocupó puestos de responsabilidad en ETA, fue su debut en el largometraje. Desde entonces, la cineasta ha ido alternando ficción y documental.
«Muchas veces, en el periodo de financiación del cine, de la ficción, que es más costoso, me lanzo al cine documental, que también es interesante», explica. Para Nosotros, la parte económica tampoco fue fácil. «Si te sales de la comedia o del ‘thriller’, te cuesta más», afirma. «Parece que, no sé, no se aprende mucho, porque tampoco es cierto que muchas de las comedias y de los ‘thrillers’ lleven a la pantalla y que no exista un margen mayor de posibilidades narrativas para el cine español, que creo que debería abrirse más a otras propuestas que puedan ser interesantes y que nos interpelen más directamente«.
Con Nosotros, Taberna ha podido jugar con los dos lenguajes que mejor conoce: el de la ficción y el del documental. «No creo que haya más verdad en la ficción que en el documental, ni al revés», sentencia. «Hemos jugado con todas las verdades en la película».
Para la directora, lo más importante era mantener el efecto emocional y de identificación que produce la novela. «Tenía que construir un relato cinematográfico pero que evitase, por ejemplo, esa dormidera que genera una estructura demasiado convencional». Nosotros está contanda moviéndose del presente al pasado, reconstruyendo una historia desde su inicio pero sabiendo el final. Así, a ojos de Taberna, el espectador no la pausará, se irá a «tomar una caña o lo que sea» y la retomará. «Eso me parece el asesinato mayor para una película», dice. Con Nosotros, busca «recuperar un cine que, a la vez de ver algo hermoso, te lleva a reflexionar».
El confidente de Helena Taberna

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Rossa no participó en la toma de decisiones de «ciertas cosas privadas» del filme, pero ha seguido la adaptación de su novela desde muy cerca. «Era como mi cómplice», afirma Taberna. «Yo te contaba y me tranquilizaba. Eras como un poder fáctico». El escritor afirma que se «entendían bien», también a la hora de decidir a los actores protagonistas.
Pablo Molinero y María Vázquez son los encargados de dar vida a Antonio y Ángela. Antes del rodaje, Taberna se los llevó a una casa de campo que aparece en el filme para que ensayaran. «Me encanta siempre trabajar con los actores. Me parece que es importantísimo que tengan a su servicio cosas que les ayuden, empezando por el respeto y por la importancia que tiene su trabajo», explica la cineasta. De cara a encontrar a los intérpretes perfectos, era importante que «los dos fuesen buenos», que «tuviesen armonía entre sí» y que «pudiesen trabajar juntos».
Molinero, Vázquez y Taberna se instalaron en ese entorno aislado para que ellos pudieran ir construyendo lo que la directora llama «sus secretos de pareja». La idea era que los dos crearan sensaciones de las diferentes etapas de la relación de sus personajes «de manera que luego, cuando entraran al set a rodar, ya sabían en qué momento están emocionalmente y podían recuperar ese instante».
Cuando Taberna le enseñó el resultado final a Rossa de Nosotros, la directora experimentó «cierta tensión». «Lo viví como… ya tengo al juez, al único que me importa», recuerda. El escritor vio varios montajes y leyó el guion antes de ver el producto final en una sala de cine, pero reconoce que eso no le impidió convertirse en un espectador más.
Como explica el escritor:
Llegué a la película pensando: ‘No voy a ser capaz de verla’. Sin embargo, entré totalmente en la película, conecté con ella, me emocionó y además me di cuenta de que era una película que, aunque esto se dice de todas las películas, es una película que está hecha para las salas de cine
Precisamente ver cine en salas es una de las defensas de Taberna. «Ha cambiado la asistencia», dice cuando compara sus inicios, hace más de dos décadas, con la realidad actual. «Eso es para mí lo peor. Estamos perdiendo a generaciones enteras porque nos les enseñamos a ver cine en salas porque si les enseñamos serían adictos». La directora propone soluciones. «Hay que hacer algo para seguir manteniendo el cine como elemento más allá del entretenimiento. Que entretenga, pero que a la vez te dé otras cosas más, que no son incompatibles».