El cineasta nos entrega el filme de casas encantadas más original que hemos visto últimamente en el género: está narrado desde la perspectiva del espectro
Steven Soderbergh es una de esas figuras del cine contemporáneo que, a pesar de sus múltiples éxitos en la industria de Hollywood, nunca ha dejado de explorar nuevas formas de expresión artística fuera de los márgenes de los grandes estudios. Comenzó su carrera con un cine independiente que lo catapultó a la fama, con su famosa ópera prima: Sexo, mentiras y cintas de video (1989), que ganó la Palma de Oro en Cannes. A partir de ahí, fue capaz de equilibrar su faceta de director ‘indie’ con trabajos mucho más ambiciosos, como Erin Brockovich (2000), que fue un éxito de crítica y público. Sin embargo, a medida que la la tendencia fue cambiando, con un enfoque cada vez mayor en franquicias, secuelas y ‘remakes’, el cineasta tuvo que reinventarse. A pesar de haberse alejado de las ‘majors’, nunca ha abandonado su pasión por las películas de género, pero siempre con una aproximación diferente. Su trabajo en películas como La suerte de los Logan o Perturbada muestran su habilidad para rodar cine de manera diferente, incluso utilizando equipos de como SmartPhones. Soderbergh ha adoptado una estética más comedida, menos pulida, pero igualmente llena de energía y con un punto diferente. Sus trabajos muestran su empeño en recuperar la esencia del cine: la experimentación y el deseo de contar historias auténticas. Soderbergh no solo está preservando las raíces del cine de género, sino que también las está transformando, adaptándolas al contexto actual. El mayor exponente de esta manera de filmar género es su última cinta: Presence.
En muchas de sus películas más recientes, Soderbergh ha adoptado un enfoque de cine experimental que prioriza la innovación por encima de grandes artificios. En Presence, un proyecto que sigue esta línea, el cineasta explora las posibilidades del cine de terror de una manera completamente diferente a las convencionales. La historia, centrada en una presencia fantasmal en una casa, no solo juega con la atmósfera y el suspense, sino que también introduce una perspectiva única al utilizar una cámara subjetiva: todo el metraje está narrado desde el punto de vista del espectro. Esta elección visual permite al espectador experimentar los eventos a través de los ojos de la entidad, lo que genera una sensación de inquietud constante y de conexión emocional con el «invisible» protagonista. Este curioso enfoque tiene un doble propósito: por un lado, logra sumergir al público en la tensión que experimentan los personajes, y por otro, ofrece una visión poco convencional de un género tan clásico como la película de casas encantadas. A pesar de que la película no cumple completamente las altas expectativas creadas por el suspense que se genera en sus primeros minutos, el director logra algo igualmente importante: ofrecer un producto que se siente novedoso y arriesgado. En lugar de depender de los efectos especiales de alto presupuesto o de una producción masiva, el director recurre a la simplicidad y a la creatividad para crear una atmósfera inquietante.

The Spectral Spirit Company
Presence narra la historia que se muda a una nueva casa. La madre, Rebecca (Lucy Liu), es una maniática del control, que se ha visto envuelta en turbios asuntos financieros y adora a su hijo adolescente, Tyler (Eddy Maday), campeón de natación con maneras de matón y grandes expectativas de futuro. Su hermana pequeña, Chloe (Callina Liang), está de luto por la reciente pérdida de su mejor amiga a causa de una misteriosa sobredosis de drogas. Y luego está su padre, Chris (Chris Sullivan), que está preocupado por su hija, harto de su mujer y con ganas de poner firme a su maleducado hijo. Deciden comprar una casa en los suburbios de Nueva Jersey y, como su agente inmobiliaria (Julia Fox) les dirá: se trata de una espaciosa residencia de dos plantas con una amplia cocina, una preciosa terraza en el patio trasero y un espejo de 100 años de antigüedad en el salón. Sin embargo, lo que ella y la familia ignoran es que la casa también está encantada y por ella desfila una presencia sobrenatural.
En Presence, Soderbergh no solo cuenta una historia de terror, sino que la convierte en un estudio psicológico sobre una familia atrapada en una relación disfuncional, en la que el elemento sobrenatural sirve como catalizador para la tensión latente entre los miembros. La entidad, que inicialmente parece una amenaza externa, se convierte en una metáfora de los conflictos no resueltos que cada miembro de la familia experimenta. La elección de que el fantasma solo se muestre a Chloe hasta que la desesperación alcance su punto culminante intensifica la sensación de impotencia y aislamiento, ya que la joven es la única que parece comprender lo que está sucediendo, mientras los demás siguen ajenos a la presencia perturbadora a su alrededor. Este enfoque narrativo, crea una atmósfera mucho más inquietante, ya que el público es consciente de la amenaza desde el principio, lo que permite que la tensión se construya a través de las interacciones humanas, en lugar de recurrir a los típicos ‘jump scares’ que caracterizan a muchos otros productos de género. El director juega con las expectativas, ofreciendo una experiencia que explora más el miedo psicológico que el horror físico.
La película también destaca por cómo se aborda el trauma dentro del contexto de una familia cuyos cimientos se tambalean. La entidad parece una manifestación externa de las luchas internas de sus miembros, y se convierte en una especie de análisis de cómo el dolor y el sufrimiento, cuando no se gestionan correctamente, pueden manifestarse de formas extrañas y aterradoras. En lugar de una historia de terror convencional, el filme se convierte en una reflexión sobre los secretos, las heridas no sanadas y las tensiones inherentes a la vida familiar.

The Spectral Spirit Company
Además, las interpretaciones del elenco son muy importantes para el impacto emocional de la película. Liu se convierte en el pilar de la historia, representando la lucha interna y el conflicto de su personaje. Su interpretación como madre es compleja, ya que se mueve entre la sobreprotección y la negligencia, lo que aporta una capa adicional de tensión. Liang, en su papel de Chloe, transmite perfectamente la vulnerabilidad de su personaje, mostrando el peso emocional que debe cargar mientras lidia con lo sobrenatural y con las dinámicas familiares. Por último, Sullivan aporta una calidez necesaria al interpretar al padre, cuya presencia en la familia también se ve marcada por su propia incapacidad para lidiar con las emociones y el trauma que afectan a sus seres queridos. Todo esto se une para crear una película que no solo ofrece momentos de inquietud, sino que también invita a una reflexión más profunda sobre la pérdida y el dolor emocional.