Aunque, por otro lado, no creo que nadie creyera que algo en esta película está puesto por casualidad
Interstellar no habría sido posible sin Carl Sagan. Y no porque hiciera una teoría o porque Cosmos influyera mucho en Christopher Nolan, sino porque fue quien preparó una cita a ciegas para dos amigos (un científico y una productora de cine) que estaban sin pareja: Kip Thorne y Lynda Obst. Ambos se enamoraron y salieron durante 1979 y 1980, pero después rompieron y quedaron como amigos. Tan amigos que llegaron a idear un escenario hipotético que llamó la atención del mismísimo Steven Spielberg y de Jonathan Nolan, que escribió el guion de Interstellar basándose en un tratamiento de ocho páginas de Thorne y Obst. Gracias, Carl Sagan, por tanto.
Un libro muy espacial
Christopher Nolan acabó en el proyecto después de que Spielberg lo rechazara y su hermano, claro está, le recomendara para el puesto. Para hacer la película, los hermanos estudiaron la teoría de la relatividad, visitaron la NASA y SpaceX y se inspiraron en mil y una cintas para representar a la perfección no solo la ciencia-ficción, sino también la carga dramática que tiene Intestellar.
Y, al final, Interstellar está tan medida al dedillo que incluso los libros que aparecen en la estantería tienen algo que ver con la trama. Concretamente, en la balda de Murph podemos ver Los Hermanos Willoughby, una novela de 2008 que trata sobre cuatro niños que son abandonados por sus padres: lo mismo que Murph siente hacia Cooper durante gran parte de la película.

Paramount

Netflix
Por cierto, si tienes curiosidad, la novela fue adaptada años después en una divertida película animada de Netflix, y, en ella… ¡Los niños leen un libro titulado Interstellar, devolviendo el guiño a Nolan! A eso se le llama tener ojo.