El actor tenía un perfil muy claro y marcó una línea roja que no quería traspasar

Si te digo John Wayne seguramente tardes un microsegundo en imaginártelo con esa pose de vaquero y un sombrero inseparable. El actor, que se ganó el apodo de El Duque, se convirtió en un auténtico icono cinematográfico gracias, principalmente, a sus papeles en ‘westerns’. Era la gran estrella en la Edad de Oro de Hollywood y trabajó con los grandes directores de la época, como John Ford, Arthur Lubin o R.N. Bradbury.
Wayne trabajó incansablemente. Primero como extra y especialista, después como actor que busca su camino y, posteriormente, como uno de los intérpretes que más papeles protagonistas tiene en su filmografía. A pesar de lo que pueda parecer su carrera, Wayne tenía líneas rojas que no quería traspasar y, según recoge el documental Talking Pictures, eran muy claras y centradas en mantener la imagen que él mismo se había encargado de crear.
En él afirmaba que rechazaría cualquier papel que fuera «cruel y mezquino».
Creo que he creado un personaje en la pantalla que puede ser rudo, cruel y tener un código diferente al de la persona promedio, pero nunca ha sido cruel, mezquino ni insignificante
Y desde luego que Wayne había creado un personaje. Casi siempre se decantaba por papeles heroicos, en los que su personaje acabara dando una lección vital y, si comenzaba siendo imperfecto, que, al menos, terminara un camino de redención. Aunque el actor afirmara esto, los fans seguramente dirán que tiene algún que otro personaje malo en su filmografía: Ethan Edwards en Centauros del desierto.
Pero, por lo menos cautivó a la crítica. Por ejemplo, el mítico crítico Roger Ebert escribió que Ethan Edwards es «uno de los más cautivadores que Ford y Wayne jamás crearon. […] La historia de Ethan Edwards es cruda y solitaria, un retrato de la obsesión, y en ella podemos ver la inspiración de Schrader para Travis Bickle de Taxi Driver«.
«En el personaje de Ethan Edwards, John Wayne había llevado al héroe del Oeste hasta la frontera del mal», analizaron Randy Roberts y James Olson, que escribieron el libro John Wayne: American. Wayne seguramente vio la complejidad de la personalidad de este antihéroe y cómo tiene un trasfondo para justificar sus actos. Y, por qué no, quizás él no viera esa mezquindad en él que ven otros.