A Masashi Kishimoto no le interesaba nada hacer un manga de ninjas: él quería que Naruto fuera un chef que podía transformarse en zorro, pero a nadie en Shueisha le convenció demasiado esta idea y la dejaron a un lado. Poco a poco, la idea fue variando, y la insatisfacción de Kishimoto con su propio dibujo y guion le hizo acabar convirtiéndola en lo que es ahora: una historia de ninjas que acabó teniendo 700 capítulos en el manga. Casi nada, ¿eh?
La historia ninja maldita
Y aunque fue un éxito inmediato y una obra aparentemente accesible, no todo el mundo lo entendió a la primera. Hay una trama en particular con la que los fans llevan devanándose los sesos desde su publicación inicial, allá por el 2000. Antes de que la serie se convirtiera en una sucesión de combates repletos de superpoderes y técnicas, todo empezó con un examen para convertirse en Chunin. Un examen en el que no se podía copiar, al menos aparentemente.
En este capítulo (adaptado en el episodio 24 del anime), Ibiki explica que las reglas de los exámenes escritos Chunin son muy sencillas: todos los Genin empiezan con 10 puntos, perdiendo un punto por cada respuesta incorrecta. Si se les pilla haciendo trampas, pierden 2 puntos. Y, encima, es el equipo entero de tres personas el que pasa o suspende. Sin embargo, claramente se les ven las técnicas ninja que utilizan al copiar. ¿Por qué no suspendieron todos? Hay un motivo para ello.
Y es que el examen, realmente, es una excusa para ver cómo podrían utilizar esos métodos en una misión real contra los enemigos. Claro que pueden hacer trampa, y claro que notan sus técnicas: no importa, porque es exactamente lo que están buscando y, de hecho, quienes acaban descalificados son aquellos que usan métodos demasiado obvios, como mirar el examen de la persona que tienen al lado.
Pero si el examen era una excusa para ver sus habilidades, ¿qué pasa con Sakura, que saca sobresaliente porque ha estudiado previamente? Pues nada, claro, qué va a pasar: estaba sobradamente preparada y pasó el examen tal y como se les pidió, siendo de gran utilidad en el campo de batalla. No sería la última vez que Kishimoto preparara una trampa para los lectores y espectadores, pero sí la primera en la que muchos creyeron haber encontrado el agujero de guion definitivo… Solo para acabar sorprendidos al averiguar la verdad.